miércoles, 20 de enero de 2010

Recíbeme

Recíbeme con aliento infinito
de racimo apretado y de vendimia.
Recíbeme con paciencia de espera
en el atardecer de los inciensos,
en el edredón de tus brazos
formando una cruz con este grito.

Recíbeme...leeré poemas en tu regazo,
ábreme la puerta de los párpados,
llévame a tus orillas quietas,
transparente manantial, cántaro fresco,
con el alma dispuesta e inquieta,
como acepta al rocío los fresnos.

Prepara el corazón en esta espera,
quizás llegue en esta madrugada.
Recíbeme, mis manos son alondras,
mi pecho un puñado de palomas.
Oyes mis palabras? Están acostumbradas
al eco de nombrarte. A solas.

Amor, estoy contigo y con el alma,
se desprende y viaja en este instante
aunque aún, aún no sepas nada.
Recíbeme así, ahora, y calla,
Aquí estoy, me sientes?
No nos hacen falta las palabras.


martes, 19 de enero de 2010

He visto como tu boca
creaba el mundo de las palabras;

como tu mirada fervorosa
hacía mágicamente los colores
que se dilataban en mis pupilas;

como tus manos
se inventaban entre juegos
las placenteras caricias...

como tu mente
colicionaba con el caos de las ideas,
sentándose en su trono.

y,
lo demás ya no lo recuerdo
estaba distraída prestándote atención.

Las estrellas han muerto

Hay calor en este invierno
y en la ventisca, hay cometas que incineran;
las galaxias fenecen a mis pies,
las entierro bajo promesas del infortunio.
Caen los planetas del cielo
y se tiñe de Océano el horizonte,
pero las estrellas han escrito su historia ...

y han muerto.

Cuando


Cuando el mar se seque de tanto llorar,
cuando el cielo de las estrellas no se acuerde;

cuando la Luna no busque a la noche más,
y en cataclismos románticos le recuerde.
Cuando los amantes difusos en la niebla están,
y entre miradas se busquen inermes;

cuando entre dilemas y aforismos que no bastan,
colapsan las confusiones de pensamientos yacentes.

Cuando el Sol ya no ilumine
con sus rayos dorados
el tibio rostro de la mañana;
cuando desquiciada la tarde solloce
sobre el menguante lunar que le aclama.

Cuando los árboles se cansen ya de respirar;
cuando el corazón, por sí mismo, pare de palpitar.
Cuando desaparezcas y no vuelvas.

viernes, 1 de enero de 2010

Tengo que hablaros de él.

Tengo que hablaros de el.
Suscita fuentes en el día,
puebla de mármoles la noche.
La huella de su pie
es el centro visible de la tierra,
la frontera del mundo,
sitio sutil, encadenado y libre;
discípulo de pájaros y nubes
hace girar al cielo;
su voz, alba terrestre,
me anuncia el rescate de las aguas,
el regreso del fuego,
la vuelta de la espiga,
las primeras palabras de los árboles,
la blanca monarquía de las alas.

No vio nacer al mundo,
mas se enciende su sangre cada noche
con la sangre nocturna de las cosas
y en su latir reanuda
el son de las mareas
que alzan las orillas del planeta,
un pasado de agua y de silencio
y las primeras formas de la materia fértil.

Tengo que hablaros de el,
de su fresca costumbre
de ser simple tormenta, rama tierna.

Monólogo

Bajo las rotas columnas,
entre la nada y el sueño,
cruzan mis horas insomnes
las sílabas de tu nombre.

Tu ceremonioso pelo,
relámpago del verano,
vibra con dulce violencia
en la espalda de la noche.

Corriente oscura del sueño
que mana entre las ruinas
y te construye de nada:
amargos recuerdos, olvido,
húmeda costa nocturna
donde se tiende y golpea
un mar sonámbulo, ciego.

Entre irse y quedarse

Entre irse y quedarse duda el día,
enamorado de su transparencia.

La tarde circular es ya bahía:
en su quieto vaivén se mece el mundo.

Todo es visible y todo es elusivo,
todo está cerca y todo es intocable.

Los papeles, el libro, el vaso, el lápiz
reposan a la sombra de sus nombres.

Latir del tiempo que en mi sien repite
la misma terca sílaba de sangre.

La luz hace del muro indiferente
un espectral teatro de reflejos.

En el centro de un ojo me descubro;
no me mira, me miro en su mirada.

Se disipa el instante. Sin moverme,
yo me quedo y me voy: soy una pausa.
 

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